Ahora mismo

Esta no es una
página de historia.

Casi todo lo que se escribe sobre los shipibo está puesto en pasado. Acá está lo que les está pasando a esas mismas comunidades este año, y quién está cargando el costo.

El número con el que hay que quedarse.

Un informe de 2025 sobre defensores indígenas del territorio en el Perú encontró que el pueblo shipibo-konibo enfrenta más amenazas que cualquier otro pueblo indígena del país — según cifras del propio Ministerio de Cultura, alrededor de una de cada cien personas de la comunidad en riesgo de violencia.

No una de cada cien activistas. Una de cada cien personas.

La Guardia Indígena

Trescientas personas, veinticinco bases, ocho millones de hectáreas.

En 2023 comunidades shipibo formaron su propia guardia indígena: más de trescientos voluntarios en unas veinticinco bases, patrullando del orden de ocho millones de hectáreas del Ucayali contra la tala ilegal, la pesca comercial ilegal y la siembra de coca. No están armados a la medida de lo que enfrentan. Salen igual.

Es el mismo río, y muchas veces las mismas familias, de donde vienen los cantos. Alguien que graba vocabulario una semana puede haber estado de patrullaje la semana anterior.

Santa Clara de Uchunya

Cuarenta años para tener título de tu propia tierra.

A Santa Clara de Uchunya, en el Ucayali, se le otorgó un título en 1986 — por 218 hectáreas, básicamente el suelo donde estaban las casas. Todo lo demás quedó sin titular, que en la ley peruana quiere decir disponible.

Las solicitudes para ampliar ese reconocimiento entraron desde 1996 en adelante. Mientras tanto la palma aceitera desmontó miles de hectáreas de su bosque, certificados de posesión falsos fueron a parar a terceros, y a los dirigentes que reclamaron los amenazaron.

La comunidad acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos — en diciembre de 2018, y otra vez en octubre de 2020, cuando la Comisión otorgó medidas cautelares para dirigentes amenazados. Décadas después, inscribieron una ampliación de aproximadamente 1 544 hectáreas — la primera que se haya logrado.

Cuarenta años de trabajo legal y riesgo personal, para pasar de 218 hectáreas a unas 1 760. El bosque perdido en el camino terminó en cadenas de suministro, en los estantes de los supermercados de todos los países donde se lee este sitio.

Olivia Arévalo Lomas

Tenía ochenta y un años.

El 19 de abril de 2018, en la comunidad de Victoria Gracia, en Coronel Portillo, la sanadora y anciana Olivia Arévalo Lomas recibió dos disparos en el pecho a pocos metros de su casa. Tenía ochenta y un años, era una de las guardianas más respetadas del canto y la medicina shipibo que estaban vivas, y hablaba públicamente por los derechos de su pueblo sobre su territorio.

Lo que siguió todavía se discute. El extranjero señalado como principal sospechoso fue muerto a golpes en la calle en cuestión de horas. Nunca hubo juicio. La segunda muerte no resuelve nada de la primera.

Su nombre falta casi por completo en los textos occidentales que ella ayudó a hacer famosos. Si has leído sobre íkaros, has leído sobre trabajo que ella cargaba. Merece ser nombrada.

El río mismo

Lo que se está perdiendo no es solo bosque.

El médico y antropólogo Warren Hern miró el Ucayali durante treinta años y registró el cambio en una sola comparación. Unos pocos hombres podían antes salir de madrugada y volver al mediodía con las canoas llenas de pescado — suficiente para alimentar a una familia extensa durante días. Para cuando él escribió, dos hermanos podían pescar todo el día por una batea de pescaditos: una familia, un día.

Pucallpa tenía unas 3 500 personas en 1944; para 2002 su población metropolitana pasaba de 300 000. Barcos frigoríficos trabajan el río con redes de arrastre por doscientos kilómetros aguas abajo del pueblo. El mijano, la gran subida de peces de julio y agosto, que antes se salaba y secaba para durar meses, se desplomó.

La deforestación hizo el resto: veranos más calientes, ríos más bajos, agua estancada y niños enfermos, inundaciones más largas que se llevan las chacras, la caza empujada tierra adentro, y suelo demasiado húmedo para enterrar a los muertos.

Más sobre el río y el registro →

Perder la tierra es perder la lengua.

Los mayores que guardan más canto y más vocabulario son los que tienen menos tiempo; las comunidades bajo más presión son donde los niños pasan más rápido al castellano. La pérdida del territorio y la pérdida de la cultura son el mismo proceso a distintas velocidades. Esa es la condición en la que se están cargando los cantos y los diseños.

Fuentes: Mongabay, septiembre 2025, sobre cifras del Ministerio de Cultura del Perú · Mongabay, mayo 2023, sobre la Guardia Indígena · Forest Peoples Programme y la CIDH sobre Santa Clara de Uchunya · World Justice Project · Amazon Watch y Front Line Defenders sobre Olivia Arévalo Lomas · Warren M. Hern, Encyclopedia of Medical Anthropology, vol. 2, 2004.

6 de 23 páginas están en castellano por ahora. Las demás — las plantas, el arte, la cosmovisión, la dieta, la mitología, la historia y el curso — todavía están solo en inglés, y las vamos traduciendo. No las pasamos por un traductor automático: en un sitio sobre una lengua, una traducción mal hecha hace más daño que una página en inglés.

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Escrito por The Community Garden · Revisado por última vez el 21 de julio de 2026 · Las fuentes se citan en la página · ¿Ves un error? Corrígenos